Yabo Torbo


lunes, 31 de agosto de 2009

Un tren a ninguna parte.


¡Observenlos, sí vosotros, mírenlos! Contemplen a cada uno de ellos, sentados en sus cómodos asientos de plástico, con sus bonitas vestimentas a la moda, con sus preciosos trabajos en la sociedad, con sus propios engaños, con sus máscaras y sus verdugos. Ahora miren a su derecha, intenten vislumbrar un atisbo de luz por la ventanilla del vagón. Negro, todo negro; negro como su futuro, como sus vidas, como sus ilusiones; negro como las mentiras que les gobiernan, negro como las ambiciones, la hipocresía, negras coaliciones. Y por un momento párense a pensar a dónde demonios conduce ese tren, cuál es el final del trayecto; y por un momento decidan su destino, opten por vivir en una vida de comodidades con la finalidad de estrellarse al final de la vía cortada o apeense en la siguiente parada, comiencen a escribir su propio destino y quizás así puedan cambiar el curso de la historia.

Foto: Metro de Madrid, vuelta de Donosti.

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